Una insólita e hilarante visita nocturna protagonizó un enorme oso, apodado “Fuzzy” por las autoridades, quien se adentró en una heladería del complejo turístico Camp Richardson buscando nada menos que helado de fresa. Lo que comenzó como una madrugada tranquila, terminó convertido en una escena memorable —y virutal— por su peculiaridad y desenlace benigno.
SOUTH LAKE TAHOE, CALIFORNIA.-
Los hechos ocurrieron en la madrugada del domingo 17 de agosto de 2025, cuando oficiales del condado de El Dorado, California, atendieron una llamada de emergencia. Al llegar a la heladería del resort Camp Richardson en South Lake Tahoe, los agentes se encontraron con una escena increíble: un oso, de varios cientos de kilos, se encontraba detrás del mostrador comiendo con calma, como si fuera uno más en servicio
Tal fue el asombro que los mismos patrulleros señalaron: “los oficiales apenas podían creer lo que veían sus ojos”
Solo helado de fresa: un capricho ursino
Lo más extraordinario del incidente fue la selectividad del oso. No cualquier sabor le satisfacía: solo mostró interés por un gran bote de helado de fresa, nada más
Las imágenes que compartió la Oficina del Sheriff en Facebook se volvieron virales, y entre los cientos de comentarios, varios bromeaban con que “parecía estar trabajando tras el mostrador” o que “necesitaba un delantal”
Finalmente, con un poco de esfuerzo y motivación por parte de los agentes, “Fuzzy” dejó la tienda pacíficamente, únicamente después de deleitarse con su sabor preferido

Daños mínimos, limpieza ligera y control turístico retomado
La presencia inesperada del oso no causó destrozos mayores. Solo quedaron huellas de garras y envases volcados —escenas propias de una degustación desordenada más que de un saqueo—
William Boas, vicepresidente de operaciones del operador turístico ExplorUS, comentó en tono jocoso: “Estamos bastante seguros de que no se lavó las garras antes de entrar, por lo que todo el helado tuvo que ser reemplazado”
Tras una limpieza profunda, la heladería reabrió sus puertas al público más tarde ese mismo día
El contexto natural y los riesgos de habituación
Aunque el episodio resultó encantador, no es un hecho aislado en la región. La cuenca del lago Tahoe alberga alrededor de 500 osos negros, mientras que en todo California se estima una población de 71 000 ejemplares
El problema es que, conforme humanos y animales convergen cada vez más en el mismo espacio, los osos aprenden que es más fácil obtener comida atractiva en zonas humanas —basura, vecindarios, campamentos o, en este caso, una heladería— que buscar en su hábitat natural
Un ejemplo alarmante mencionó la prensa: un oso negro de 400 lb apodado “No. 717” fue sacrificado tras reiteradas incursiones agresivas en propiedades. Otro, llamado “Hope”, ya está bajo vigilancia por incursiones menos dramáticas, pero igualmente preocupantes
Recomendaciones: convivencia responsable con la vida silvestre
Ante este tipo de vivencias, las autoridades y grupos como Lake Tahoe Wildlife Care insisten en medidas preventivas efectivas:
- Mantener la basura bien asegurada y los alimentos fuera del alcance de osos.
- Asegurar puertas y ventanas de vehículos, hogares, negocios y zonas turísticas.
- Evitar alimentar a los osos o intentar tomarse selfies cerca de ellos; en su lugar, retroceder con calma, hacer ruido o mostrar una postura que los disuada
Estos animales, cuando se acostumbran a lo fácil, pierden el miedo natural, pero también ponen en riesgo tanto a sí mismos como a las personas con posibles encuentros más peligrosos
En definitiva, el oso “Fuzzy” no solo dejó una escena curiosa digna de viralidad, sino que también subrayó un desafío ecológico mayor: ¿podemos coexistir con la vida silvestre sin incentivar su acercamiento a nuestras zonas urbana? Una deliciosa historia de fresa, inconscientemente, nos recordó que la línea entre lo encantador y lo problemático puede ser muy delgada.
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