La llamada dieta de comer plástico o “plastic eating” se ha convertido en una tendencia viral entre jóvenes en redes sociales, especialmente en plataformas como TikTok. La práctica consiste en envolver la boca o la lengua con plástico antes de introducir alimentos, masticarlos y posteriormente escupirlos con el objetivo de generar una falsa sensación de saciedad para adelgazar. Especialistas en nutrición advierten que se trata de una conducta de riesgo sin fundamento científico.
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Una nueva tendencia viral conocida como dieta de comer plástico o “plastic eating” ha comenzado a difundirse en redes sociales, donde jóvenes comparten videos en los que mastican alimentos cubriendo su boca con plástico, sin llegar a ingerirlos. El objetivo, según quienes promueven esta práctica, es engañar al cerebro para sentir saciedad sin consumir calorías y así bajar de peso.
La dinámica consiste en colocar una capa de plástico tipo papel film sobre la boca o utilizar fundas que cubren la lengua antes de introducir la comida. Posteriormente, los alimentos son masticados y escupidos. La intención es experimentar el sabor y la acción de masticar, pero evitar la deglución, bajo la creencia de que esto puede reducir la sensación de hambre.
Sin embargo, especialistas en nutrición han alertado sobre los riesgos físicos y psicológicos asociados a esta práctica. Andrea Calderón, directora del Máster en Nutrición, Composición Corporal y Metabolismo de la Universidad Europea, explicó que esta tendencia no puede considerarse una dieta ni una estrategia válida para el control de peso, sino una conducta que puede afectar la salud.
Desde el punto de vista fisiológico, la saciedad no depende únicamente del acto mecánico de masticar. Para que el organismo active correctamente los mecanismos que regulan el apetito, es necesario que los nutrientes lleguen al tracto digestivo. En ese proceso intervienen hormonas como la grelina y la leptina, así como péptidos intestinales como el GLP-1, que envían señales al sistema nervioso central para modular el hambre y la sensación de plenitud.

Al masticar pero no tragar los alimentos, estas vías hormonales no se activan de manera adecuada. Aunque puede generarse una sensación momentánea de saciedad, no existe una respuesta metabólica real. A mediano y largo plazo, este tipo de conductas puede alterar la percepción normal del hambre y fomentar una relación disfuncional con la comida.
Además del impacto fisiológico, especialistas advierten que la dieta de comer plástico puede convertirse en una antesala de trastornos de la conducta alimentaria, especialmente en población adolescente y joven, que suele ser más vulnerable a las presiones estéticas y a los contenidos virales en plataformas digitales.
Otro de los riesgos asociados a esta práctica es el peligro físico de ingerir plástico de manera accidental. Masticar materiales no diseñados para el consumo humano puede derivar en asfixia si el plástico obstruye la vía aérea o en aspiración si se introduce en el sistema respiratorio. En caso de llegar al aparato digestivo, puede provocar molestias, irritación o incluso bloqueo intestinal si no se elimina adecuadamente.
La fragmentación del plástico durante la masticación también incrementa la exposición a microplásticos, partículas cuya presencia en el organismo ha sido objeto de investigación científica por sus posibles efectos en la salud. Aunque en algunos casos el material podría expulsarse sin mayores complicaciones, especialistas coinciden en que no se trata de una práctica inocua.
Nutricionistas subrayan que la alimentación es un proceso integral que va más allá de masticar. Implica la elección consciente de alimentos, la planificación, la preparación y el contexto social en el que se consume la comida. También tiene dimensiones psicológicas y culturales que forman parte del bienestar general.
La dieta de comer plástico no aporta energía ni nutrientes, por lo que, si se prolonga en el tiempo, puede derivar en deficiencias nutricionales. Expertos recomiendan que cualquier proceso de pérdida de peso sea supervisado por un profesional de la salud, preferentemente un dietista-nutricionista, quien pueda diseñar una estrategia individualizada basada en evidencia científica.
Entre las recomendaciones generales para el control de peso saludable se encuentran mantener una alimentación equilibrada, suficiente y variada, adaptada a las necesidades individuales, así como incorporar hábitos de vida activos y actividad física regular.
La viralización de este tipo de tendencias refleja la influencia de las redes sociales en la percepción del cuerpo y la alimentación, por lo que especialistas insisten en la importancia de la educación nutricional y la promoción de una relación sana con la comida.
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