La central nuclear japonesa de Kashiwazaki-Kariwa retomó operaciones por primera vez desde el desastre de Fukushima en 2011, con la reactivación de uno de sus reactores, en medio de un amplio debate social y pese a la oposición mayoritaria de la población local, marcando un paso clave en la estrategia energética del gobierno japonés.
KASHIWAZAKI.-
Japón reactivó este miércoles 21 de enero de 2026 la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa, considerada la más grande del mundo por su capacidad instalada, al poner nuevamente en funcionamiento uno de sus siete reactores, hecho que no ocurría desde la catástrofe nuclear de Fukushima en marzo de 2011. La operación fue confirmada por la empresa Tokyo Electric Power (Tepco), responsable de la planta, ubicada en la prefectura de Niigata.
De acuerdo con información oficial, la puesta en marcha del reactor número 6 se realizó a las 19:02 horas locales, lo que marcó un momento significativo para la política energética del país asiático. Se trata de uno de los dos reactores del complejo que cuentan con autorización de las autoridades reguladoras para volver a operar, tras haber superado diversos procesos de revisión técnica y de seguridad.
La reactivación se concretó un día después de lo previsto inicialmente, debido a la detección de una falla en una alarma de seguridad durante una prueba previa. Tepco informó que el incidente fue atendido antes de proceder con el encendido, como parte de los protocolos establecidos para este tipo de instalaciones.

La central de Kashiwazaki-Kariwa permanecía inactiva desde 2011, cuando Japón ordenó el cierre total de sus reactores nucleares tras el triple desastre ocurrido en Fukushima, provocado por un terremoto, un tsunami y el subsecuente accidente nuclear. Desde entonces, la energía nuclear ha sido uno de los temas más sensibles y debatidos dentro de la política pública japonesa.
Pese a que el gobernador de Niigata dio su aprobación a la reactivación el mes pasado, el reinicio de operaciones se llevó a cabo en un contexto de fuerte resistencia social. Diversos sondeos indican que alrededor del 60 por ciento de la población se opone al regreso de la planta, reflejando la persistente preocupación por los riesgos asociados a la energía nuclear.
La asamblea de la prefectura de Niigata había aprobado en diciembre la reactivación del reactor número 6, luego de que el regulador nuclear nacional autorizara el encendido de dos de los siete reactores del complejo. Aunque los reactores 6 y 7 superaron las revisiones técnicas desde 2017, su operación fue pospuesta durante años debido a deficiencias detectadas en los sistemas de seguridad, particularmente en lo relacionado con la prevención de ataques terroristas.

Con una capacidad superior a los 8 mil megavatios, la central de Kashiwazaki-Kariwa representa una pieza estratégica dentro del plan de suministro energético de Tepco. Su reactivación se alinea con la política impulsada por el actual gobierno japonés, encabezado por Sanae Takaichi, que busca fortalecer el uso de la energía nuclear como parte de su estrategia para reducir las emisiones de carbono y garantizar estabilidad en el abasto eléctrico.
Las autoridades japonesas han señalado que el regreso gradual de las centrales nucleares es necesario para disminuir la dependencia de los combustibles fósiles importados, en un contexto global marcado por la volatilidad de los mercados energéticos y el compromiso internacional de reducir el impacto ambiental del sector energético.
No obstante, la reactivación de Kashiwazaki-Kariwa también ha reavivado el debate sobre la seguridad nuclear en Japón, un país con alta actividad sísmica. Organizaciones civiles y sectores de la población han reiterado su preocupación por la posibilidad de accidentes, así como por la gestión de emergencias y la evacuación de comunidades cercanas en caso de contingencias.
Tepco, por su parte, aseguró que la central cumple con los estándares de seguridad más estrictos establecidos tras el accidente de Fukushima, y que se han implementado mejoras significativas en sus sistemas de control, monitoreo y respuesta ante emergencias. La empresa subrayó que el reinicio se realizó bajo una supervisión estricta de las autoridades regulatorias.
La reactivación de la central nuclear más grande del mundo marca un punto de inflexión en la política energética de Japón, al evidenciar el intento del país por equilibrar la seguridad, la aceptación social y la necesidad de garantizar un suministro energético estable y sostenible.
El proceso de reanudación será gradual y continuará bajo evaluación constante, mientras el debate público sobre el papel de la energía nuclear en el futuro de Japón sigue abierto, a más de una década del desastre que cambió de manera profunda la percepción de esta tecnología en la sociedad japonesa.
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